¿Revolución?

DSC00413La pregunta adecuada sería: ¿cree usted en una revolución? Veamos, esta cuestión tiene dos vertientes. La primera es si uno cree posible que una revolución modifique o cambie las cosas y los modos, supuestamente a mejor, y la segunda conjugada es si uno cree que dadas las circunstancias actuales que campan por España, una revolución es posible, si se dan las condiciones necesarias.

Respecto de la primera opción, pocas, repito muy pocas veces, el país, los ciudadanos han salido de una revuelta generalizada de mejor forma que como en ella entraron. ¿Por qué?, pues porque no es el pueblo quien incita cambios tan drásticos sino aquellos que han sido o están siendo apartados del poder y de los manejos de los dineros. Se utiliza al pueblo, a los ciudadanos como meros peones, simples soldados prescindibles. Creer que una revolución, aun pacífica solucionará nuestros males y nuestra decadencia es no pensar con acierto, pero permitirán que se admita como opción válida si de tal posibilidad se deriva una ilusión colectiva que consienta al sistema aplazar decisiones duras, o disponer de más tiempo para implementarlas paso a paso. Mientras ustedes se ilusionen con un cambio inminente que arrastre como riada toda la maleza y la corrupción y los malos gobiernos, los que manejan el negociado se sentirán seguros.

Con respecto a la segunda acepción, es decir, si en la actualidad en nuestro país se cumplen los requisitos mínimos para el inicio de una serie de revueltas que deriven en verdadero caos que precipiten cambios drásticos y puede que hasta dramáticos, no lo sé, pero todo indica que el punto de inflexión está muy cercano. Incluso es posible que a pocos meses vistas.

Tanta corrupción que a modo de mancha de aceite, se extiende por todos los estamentos públicos y tan pocas sentencias judiciales que corrijan lo anterior, han alimentado una desafección extraordinaria de los ciudadanos respecto de sus políticos. Se ha abierto un enorme hueco, un formidable boquete que cualquier flautista de Hamelin llenará, a poco que refiera unas cuantas verdades. Súmenle a eso, favores a los poderosos, una crisis económica y social sin precedentes, un sistema de represión que faculta imponer sanciones administrativas desproporcionada por manifestarse y cuantos despropósitos imaginen. Todo dicho cóctel ha rebosado la paciencia, la ilusión que se tenía en este sistema heredado de la Transición y pronto hará aguas. ¿Estamos a tiempo? Aún sí, todavía hay tiempo para no permitir que España se deslice por una senda que siempre termina en guerra civil, golpes de estado o tropelias parecidas. ¿Qué se debe hacer? Pues con una inmediatez tan rápida como tres o cuatro meses, no más, demostrar a los ciudadanos que los partidos mayoritarios son capaces de elevarse sobre esta situación y presentar candidatos honestos, aún cuando ello signifique una catarsis interna en cada uno de ellos, porque no tendrán más remedio que matar a su padre(politicamente hablando). Añadan a dicha ensalada una eclosión de sentencias contra los corruptos y otros , de manera que muchos poderosos acaben donde les corresponde, que no es sino en la cárcel, por haber robado y hundido el país. Hablamos de  las cajas de ahorros saqueadas, de ayuntamientos y regiones en quiebra… ¿Acaso creen ustedes que nuestra deuda pública es pagable?

Miren, el abandono del poder, decia Maquiavelo que no es ni será ni agradecido ni correspondido, pero no hay otra alternativa, y de todos los males es el menos pernicioso. Aguantar y contemporizar como sea hasta que lleguen las municipales y esperar resultados y comprobar como se produce un vuelco electoral inimaginable hace tan solo seis o siete meses agravará la situación hasta lo insospechado. Cuando aquellos que no desean sino una nueva España, se cuenten, se tanteen las fuerzas y comprueben que son millones, las calles hervirán exigiendo un adelanto electoral, se derivará entonces una presión mediática sin precedentes contra el poder caduco, y una más que posible explosión social. ¿Alguien quiere eso?  Dado que pocos desean que esto permanezca como está un minuto más, es necesario y hasta obligado que todos los que ahora gobiernan realicen un haraquiri propio para sanear todas las instituciones corrompidas. Dicho ejercicio, doloroso pero necesario, es lo único que calmará las ansias de derribarlo todo.  Si ahora no se hace o bien es por ceguera o bien porque a terceros les interesa que este país caiga al abismo al que ahora mismo estamos asomados.

Una última cuestión, pregunten ustedes a las personas mayores si en los prolegómenos de nuestra guerra civil contemplaban dicha opción, o si en Europa sospechaban o intuían que se produciría una guerra mundial. Todos les contestarán que por supuesto que no pensaban en ello, que aunque todo estaba patas arriba y los asuntos muy revueltos, tales consecuencias resultaban poco menos que impensables, salvo para aquellos que casualmente se encontraban de crucero por Islandia. Confiemos que cuando dentro de cincuenta años, un niño le pregunte a sus abuelos si supieron de lo que estaba por ocurrir en el 2015, no le contesten que nunca pensaron que pudiera suceder, y es que la mayor lección de la historia es que nada aprendemos de ella.

Suerte.

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