EXCESO DE LEYES

ImageEn efecto, sobran leyes y falta justicia. Y ambas cosas suelen y acostumbran a ir de la mano. Allí donde hay muchas leyes, también habita la injusticia y aunque parezca contradictorio, no le es. Decía Tácito, y ya ha llovido, que cuantas más leyes tenga un Estado, más corrupto es. Siglos más tarde, Tomas Moro, ya saben, aquel sabio consejero que Enrique VIII de Inglaterra ajustició por oponerse a su divorcio, también se preguntaba el por qué de tantas leyes, de esa infatigable enfermedad que tantos gobiernos padecen de querer solucionar cuantos males existan legislando y aprobando más leyes. Cómo si no supieran que es justamente lo contrario lo que se necesita.

Doy por seguro que todos han leído los diez mandamientos: ¿verdad que son simples y sencillos? ¿verdad que no ofrecen atajos ni meandros? ¿Y cuántos miles de años tienen y son enteramente válidos? Entonces, ¿por qué las leyes que se aprueban son tan enrevesadas, tan dadas a ofrecer fisuras y lecturas varias?, ¿y por qué de tanto en cuanto afirman nuestros políticos que están muy ocupados modernizando viejas leyes? ¿Por qué envejecieron? ¿Se aprobaron injustas a sabiendas?

Decían los griegos que es preciso plantearse el por qué de las cosas. En efecto, es entonces, al cuestionarnos el motivo último que empuja a un gobierno a aprobar leyes continuamente, cuando se entiende que es un mecanismo de control para mantenerse en el poder. Veamos:

En la Edad Media, se afirmaba que  únicamente siendo temerosos de Dios se alcanza la sabiduría y el camino adecuado. Bien, pues hoy en día, dado que el recurso a Él ya no es tan sencillo ni tan eficaz, se recurren a las leyes, que los ciudadanos teman de ellas, de sus consecuencias, para de esta forma, no atreverse a cuestionar determinadas actitudes. Vean si no, como aún con tanta aprobación de leyes, no hay manera de frenar la corrupción, de ajusticiar como se debiera a determinados personajes por todos conocidos. Entonces, ¿para qué tanta actividad legislativa si los males que asolan España siempre son los mismos? Precisamente para eso, para que tales desmanes no se erradiquen sino que sean perennes. Hoy te beneficias tú, y mañana yo, porque desde que vivimos en democracia, hay alternancia en el poder.

¿Cómo se puede solucionar tal cuestión? Desengáñense, no se puede. El poder, o se tiene o no, y los ciudadanos tienen muchas cosas: ilusión, derechos, deberes, obligaciones, libertad, es un decir, y un largo etcétera, pero poder no. Este lo tiene quien posee dinero para comprar voluntades, quien maneja el boe, quien posee armas.  A lo largo de la historia, se comprueba que de tanto en cuanto, los ciudadanos, hartos de injusticias y tropelías, cuando no de ser maltratados y esquilmados sus bienes, se levantan en armas contra sus mandatarios, fuera este un rey, un príncipe, un obispo, un militar o un civil. Con unas primeras negociaciones, los poderosos ceden parcelas de poder, pero pasados los días más calientes, y  cuando los ánimos se aplacan, se calman las ansias de revolución y comienzan a aparecer las primeras deserciones, dado que la gente tiene familia y hacienda, entonces el poder reacciona y recupera lo perdido. Puede que cambien de gobierno, pero no de dueños.

Llegados aquí, ¿habría uno de conformarse con vivir en paz, no meterse en jaleos o problemas, aceptar que las cosas son así y no se pueden cambiar, y dedicarse cada uno a su trabajo y a  su familia, procurando en todo momento pasar desapercibido, no sea que quien no deba se fije en mí? Si a todo ello piensa que sí, entonces entenderá que las leyes se aprueban para temer de ellas y que nuestro rol en esta vida es ese, en cambio, si es de aquellos que piensa y cree que hay otra manera de vivir, diferente y mejor, con más oportunidades y menos desigualdades, con menos corrupción y más progreso, entonces, debería levantarse y actuar. No es cuestión de soflamar los ánimos y tomar las calles como en cualquier revolución que a poco conducen, sino de demostrar a nuestros gobernantes que sin el pueblo se puede gobernar, pero no mandar, que contra el pueblo es posible mandar pero no ganar y que con el pueblo se manda, se gobierna y se vencen las adversidades. Dado que la mejor forma y manera de gobernarnos a nosotros mismos es cediendo algo de nuestro dinero al Estado, así como un poco de nuestra libertad, no seamos ignorantes y permitamos  que de nuestros desconocimientos otros vivan. Y recuerden que Pío Baroja ya afirmaba que una de las siete clases de personas es la del que vive de lo que otros no saben.

 

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