CREENCIAS

A lo largo de nuestra vida, muchas son las preguntas que nos acompañan, cientos las dudas. Las respuestas que encontramos en diversas fuentes de información: TV, radios, páginas de internet, prensa, etc.. ¿son ciertas o no?

¿Cómo distinguir y diferenciar la verdad de los infundios? Y sobre todo, ¿a qué fuente acudir para beber la verdad sin manipulación y sin tergiversación ? Es decir, ¿a quién escuchar y creer? ¿A esa locutora de los informativos tomada ya por nuestra madre, nuestra hija, o nuestra novia, o a páginas esotéricas de Internet escritas por supuestos anarquistas lunáticos y paranoicos?

No tengo respuestas a tales preguntas. Sólo la intuición y un cierto sentido común pueden guiarnos. Me explicaré.

Detengamos nuestro día a día, razonemos por un segundo y hagámonos muchas preguntas, incluso comprometidas, aunque estas nos impulsen a creer que abrazamos cierta locura.

¿Existen los ovnis? y en caso afirmativo, ¿de dónde provienen? ¿Es la Tierra, al igual que los demás planetas, un planeta hueco?¿Se realizan ensayos con tecnología extraterrestre en el área 51? ¿Nos creó una civilización muy avanzada cuando cruzaron su ADN con el de los monos del planeta Tierra? ¿Fueron los Annunakis? ¿Existió Jesucristo?  ¿Quién fue el autor de La Biblia?¿ Existieron  La Atlántida, Lemuria como antiguas civilizaciones desarrolladas y luego aniquiladas por sus Creadores? Y la Luna, nuestro satélite, ¿es artificial? ¿Y Fobos, o Deimos?, ambas lunas de Marte ¿Pisaron los astronautas norteamericanos nuestro satélite, o fue todo un montaje de Kubrick? ¿Hay algo de verdad cuándo hablan sobre Reptilianos? ¿Y los Illuminatti y sus casualidades con el 33, ó el 11, ó el 66? Ya saben, un Papa que gobernó 33 días,  los recortes de Rajoy cifrados en 33 mil millones,  Jesucristo que murió a los 33 años, como Buda, o como Alejandro Magno…. ¿Construyeron los egipcios sus pirámides con escoplos y cuerdas?

Podríamos continuar con cientos de dudas e interrogantes sobre asuntos que restan credibilidad, porque esta sólo la otorga discernir sobre el menú del día, qué canal de TV seleccionar o cultivar nuestros conocimientos de historia con alguna serie actual. Aunque también podríamos continuar planteándonos asuntos más terrenales acerca  de las historias, verdaderas o no, sobre las reuniones de la Trilateral, o el club de Roma, cual es el fin del club Bilderberg, si el Holocausto  existió o no, quién inició la segunda guerra mundial, o dónde se esconde todo el oro del mundo porque en el campamento de Kentucky, Fort Knox, nada hay bajo cierta pirámide, como parece que le dijo Miltron Friedman a Reagan. Por ejemplo.

La verdad es que no sé dónde ésta se halla, y tampoco sé si existe o es una quimera. Quizá sólo seamos ganado, a modo de granja productora de riqueza, que abona impuestos y produce oro. Y quizá, llegado el momento, cuando la conciencia de sentirse explotado supere el miedo a perder lo que ya no se tiene, entonces sientan una difusa amenaza y nos envíen un Diluvio o a Los cuatro Jinetes, cómo vaticinan cierta tribu india del sur de Estado Unidos y agoreros de todos los colores. O puede que todo se reduzca a que nada hay, que todo es fruto de la casualidad y de la entropía,  para mantener nuestras mentes ocupadas con historias truculentas y no entregarnos a pensamientos impuros que cuestionen o perviertan el buen gobierno que tanta libertad e igualdad nos procura.

¿Es casualidad que ahora se pongan en libertad a tantos presos, fundamentado todo en el exquisito cumplimiento de la doctrina que Estrasburgo emana?. ¿Pero no fue nuestro Supremo quien sentenció hace años que tal doctrina sólo es aplicable si hay interés? ¿Entonces hubo negociación? ¿Todo esto es para desviar la atención de otros asuntos? ¿Por qué hay tantos asesinatos de jóvenes y nunca se resuelven? ¿Se juzga a los verdaderos culpables, o influyen ciertos tráficos de órganos?

En fin, pocos son los sabedores de tantos muchos secretos y muchos son desconocedores de pocos conocimientos, tan sólo de los justos para vivir y servir a la rueda de la vida. De todas maneras, recuerden que DÁlambert, Diderot y otros, a finales del siglo XVIII, escribieron la Enciclopedia y ubicaron a la fe debajo de la razón, es decir, la filosofía por encima de la religión y/o cualquier creencia. Dado ello, cuestionen con razones su fe en aquello que crean, y aunque piensen que la razón les asiste no lo hagan con fe, puede que ésta sea incierta. De esta manera, a lo mejor no se creen si les dicen que la crisis ha sido superada.

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