REALIDAD DOS

Image¿Recuerdan ustedes la última entrada, cuándo hablábamos de la pobre formación de los españoles? Pues justo unos días después un informe de la OCDE nos ilustra con tales verdades. Y así es, en efecto; el pueblo español, en su conjunto, es poco leído y poco instruido y como afirmaban en el siglo XVIII, el español lee poco y malo. Tales miserias son el resultado de tantos programas educativos e incontables reformas que, en el fondo, vacían de contenido y sustancia, las materias.

El motivo de ello es fácil de intuir: un pueblo culto no consentiría tanta corrupción ni padecer una democracia de segunda categoría. En estas, se mantiene a la masa ocupada con el último asesinato o con tal accidente o sobre si fulano será suplente para el partido del sábado, mientras sobre los asuntos de trascendencia se hurta información, o se sesga. O directamente se censura.

Todos sabemos que para ejercer cualquier profesión se exige un mínimo de conocimientos, aprobar con éxito pruebas o exámenes que certifiquen nuestra preparación. Pero para ser votante nada se exige, y nada menos que dicho ejercicio, el de votar sin coacción, es la base de la democracia. ¿Comprenden ahora las consecuencias que de ello se derivan?

Al final, todo resulta más fácil de lo que aparenta. Si usted desconoce los principios de la meteorología o la climatología, resultará poco complicado hacerle creer que el cambio climático ( el calentamiento global), provocado por la emisión de gases de efecto invernadero, es cierto y enteramente causado por el hombre y sus adelantos técnicos; bastará con emitir ciertos documentales en su canal de tv favorito a la hora de máxima audiencia y con su locutora de toda la vida. La cuestión es si usted se ha preguntado si eso es cierto o no, o se limita a aceptar la información ofrecida como verdades irrefutables.

Esa es la consecuencia; un pueblo con mentes infecundas es y será manipulado al antojo de los poderes. Descreer por sistema nada aporta, pero creer lo que los medios oficiales afirman tampoco nos desarrolla. Hay que exigir pruebas, y sobre todo contrastar la información, si no, nos limitaremos a tener fe en nuestros gobernantes, y la fe sin el auxilio de la razón no es buena consejera.

El fundamento último de la democracia es la verdad, o al menos la ausencia de mentiras. Con ello, el respeto a las minorías, la ausencia de corrupción y  abuso de poder y una total transparencia respecto al manejo de los dineros públicos se verían abonados y sus frutos no tardarían en mejorar nuestra realidad.

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