REALIDAD

ImageSí, ¿cuánta información les ofrecemos a nuestras mascotas, o a nuestros hijos?. La justa y adecuada para ellos, cuando estos, no aquellos, formulan preguntas incómodas. Y no por ello, por no ofrecerles la verdad sobre el sexo, u otros asuntos, nos sentimos culpables de algo. Pues así es  como nuestros gobernantes nos tratan, y tampoco sufren arrepentimiento alguno.

Entender tal comportamiento y asumirlo es un primer paso, necesario para comprender todo lo que el camino nos ofrecerá. De ahí las dos preguntas del anterior blog. La realidad que vemos, sentimos no es enteramente cierta. Sólo lo es en aquel porcentaje que otros consideran que es adecuado para nosotros. Y no hay que alarmarse por ello, va en la condición humana. Distinto es el engaño.

Una cosa es hurtar la verdad y otra mentir, y se habla de que el poder corrompe cuando se transita de lo primero a lo segundo. Afirmar, decir, pensar que todos los políticos son iguales es simplificar demasiado la ecuación. No todos son iguales, ni siquiera parecidos. En tanto que ellos provienen del pueblo, (imaginar que son imágenes holográficas o reptilianos y entregados al satanismo es aventurar), serán y se comportarán como un espejo de este, y si esta sociedad es corrupta así serán ellos, pero si la misma es más honrada, mas leída, más cultivada, ellos también lo serán.

Nos quejamos con amargura de la ignorancia de nuestros gobiernos, de su bajo perfil cultural, de su escaso bagaje intelectual. Desgraciadamente así es nuestra sociedad, y nunca se crean aquello de que somos un pueblo preparado, bien formado y tal. Eso sí, muchas veces donde escasea la formación abunda la prudencia y el sentido común, lo cual ya es bastante. Decían los cesares romanos que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, y quizá este tipo de gobernanza, al menos la española, es la que nos merecemos por ser, como nos susurraban en siglo XVIII en Europa,  los indios del continente, por no saber utilizar ni conocer las nuevas tecnologías en agricultura, ciencias… Hace trescientos años, y más o menos todo sigue igual.

Por todo ello, antes de criticar con gratuidad a los gobiernos, antes de ocupar las calles con manifestaciones que a poco conducen y menos consiguen, convendría más de estudiarnos, de disciplinarnos, y llegado el momento de exigir. Y hay mucho.

Si desean no una revolución sino una evolución, si entienden que nuestra realidad es enteramente mejorable, entonces caminemos juntos, y recuerden que ya el Conde Duque de Olivares prestaba atención a aquellas cabezas pensantes urbanas que de tanto en cuanto sobresalían del vulgo para con harta presteza cortar de raíz, para escarmiento de todos.

Continuará.

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